miércoles, 23 de mayo de 2018

15 Capítulo (2a parte): Venus




- Quizás haya llegado el momento de visitar Venus, Manuel.

No se esperaba aquella salida del guía, tras el largo silencio que había sucedido al ataque de risa, reunidos en aquella terraza medio oculta en las alturas de la Sagrada Familia. A lo largo de sus disquisiciones sobre la Extravagancia, habían acudido una quincena de sus títeres, que gozaban encantados del panorama de la ciudad a sus pies.

Vio que estaban los Pericos, aquel repertorio de personajes protagonistas de muchos de sus espectáculos. Se habían desprendido de su persona, emancipados no sabía muy bien si por voluntad propia o por la de los Pericos. Obsesiones suyas de madera que ahora hacían lo que les daba la gana. No tenían nada que hacer, aunque habitaban alrededor de su persona. Según el Poeta, lo necesitaban para escapar del planeta, pero era una razón povo convincente. No se tragaba los relatos mitológicos que habían representado en el teatrillo de Pueblo Español. Muy bonitos, pero no eran los suyos. Quizás estaban allí para ayudarle a construir la Extravagancia, que ellos necesitaban para girar por los mundos en libertad. Esto tenía sentido. No demasiado, en realidad, pero a él ya le iba bien.

Salvo el Poeta, que de vez en cuando se explayaba con ese tono que se sabía de memoria, los demás hablaban poco, por no decir nada. Sólo Kalim y Kilam se permitían chillar como unos poseídos en los momentos más inesperados, pero los demás solían mirar y callar.

El Perico de la Barbilla de Cabrón, cuya mirada traviesa representaba la parte más sarcástica y pérfida del personaje, le dirigió la palabra.

- Je, je, je, Manuel, no sabes ni por dónde empezar. Qué fácil cuando teníamos hilos y nos sometías a tus designios, siempre paupérrimos, sin sentido alguno. Y ahora necesitas al señor Quinqué, eres incapaz de volar en libertad.

El Perico de la Nariz Roja saltó en su defensa.

- No le hagas caso, Manuel, estamos aquí para ayudarte. El Barbilla siempre ha sido muy malicioso.

Pero lo has tratado mejor que a todos nosotros, no sé porque...

El Perico del Medio Vaso Vacío dijo:

- Realmente, no veo cómo saldremos de esta.

El del Medio Vaso Pleno replicó:

- Cuando el arroz hierve, vigila que no se pase.

En ese momento el Poeta, absorto hasta entonces en su pensamiento, dejó de pensar y dijo:

- Escuchemos como el fuego se eleva y la devoción se hace humo.

Levantó las manos y la Sagrada Familia entera se convirtió en un espacio teatral de estos tan conocidos por el Aedo, con las torres echando humo y al rato en llamas como teas encendidas. Todo se volvió rojo y caliente, la piedra gris de Montjuic con la que se ha construido el templo se volvió negra como el carbón, y se encontraron sentados, Manuel y el señor Quinqué, sobre dos rocas que pese al calor que desprendían, no quemaban.

- Bienvenido a Venus, Manuel! -exclamó lleno de excitación Quinqué, al ver cómo habían saltado de un lugar a otro-. Tengo que decir que nunca había viajado tan rápido a este planeta al que, según se sabe y es costumbre en estas esferas lejanas de la Tierra, suelen acudir los difuntos una vez han aprendido las lecciones de Mercurio y quieren continuar su ruta en dirección al Sol. Y comprendo que nuestra plataforma de lanzamiento haya sido la Sagrada Familia, que no deja de ser una hoguera de piedra en medio de la ciudad, con las torres que se elevan como llamas de fuego y que por eso atrae tanto la atención de los mortales. Pero la relación con Venus se explica porque es aquí donde se resuelve este galimatías de las diferencias de credos y religiones, al igual que la Sagrada Familia es la catedral universal que junta y supera las creencias del mundo, por absurdas y rebuscadas que sean. La razón es esta virtud que siempre ha tenido Venus de ser una divinidad de las que unen los opuestos a través del buen gusto, de la estética y del humor. Y fíjese si es inteligente la naturaleza humana, que ha sabido crear en la Tierra, gracias a la inspiración del arquitecto Gaudí, un lugar capaz de hacer lo que en el mundo de la Ultratumba hace Venus, por lo que a la larga a los vivos les bastará visitar la Sagrada Familia, ahorrándose los rigores y la estancia siempre pesada a este planeta sometido a un incendio tan monumental.

Se encontraba Manuel en un estado de shock atenuado por las palabras del guía, que le ayudaron a adaptarse a un espacio tan difícil de definir y que parecía tan peligroso, aunque se daba cuenta de que el fuego no le afectaba y podía seguir respirando tan tranquilo.

- Ya sabe, Manuel, que la agencia Mercurio cuida a sus clientes como no podríamos dejar de hacer en una visita tan singular como es la del planeta Venus, el más parecido al nuestro pero que hace millones de años perdió sus aguas y el color azul del cielo, rodeado como está de nubes y de gases de todo tipo que crean un efecto invernadero espantoso, lo que explica esta calor que sube a más de cuatrocientos grados centígrados, algo insoportable. Ya sabe lo que dicen los ecologistas, que si no espabilamos corremos el peligro de convertir la Tierra en un infierno como Venus, lo que ahora nos parece imposible pero que yo tendría muy en cuenta.

Y hablándole al oído, como hacía a veces cuando no quería que nadie lo oyera salvo su cliente, dijo:

- Dicen que la señora Venus, conocida también como Afrodita, vive muy bien en la Tierra, escondida con nombres falsos y disfrutando de propiedades espectaculares. Aunque le gusta mucho rodearse de llamas a las que está acostumbrada, pasa como quien dice los veranos en nuestro planeta, en temporadas cada vez más largas. Parece ser que le gusta la playa y tomar el sol, porque en su planeta éste ni se ve, tapado por tanta nube oscura, aunque esté mucho más cerca. Ya puede imaginarse que uno de sus destinos predilectos sea allí donde pueda gozar del sol de España, que es uno de los mejores del mundo. ¿No lo encuentra fantástico, Manuel?

El paisaje que los envolvía era infernal y siniestro, y se acercaba bastante a las imágenes que tantas veces había recreado en sus espectáculos, cuando mostraba las calderas de Pedro Botero y sus dominios, rodeados de llamas y de agujeros volcánicos que sacaban fuego por todas partes.

- No deja de ser extraño que a una divinidad tan refinada y llena de buen gusto como es Venus le haya tocado este planeta inhóspito, al menos para nosotros, acostumbrados al regalo atmosférico de la Tierra. Pero aquí tenemos que prescindir de los prejuicios y los puntos de vista terráqueos, los cuales son muy apropiados cuando estamos en casa, pero no cuando salimos de ella. Eso lo aprendemos poco a poco los humanos, sobre todo gracias al turismo, que sirve para enseñar a las masas sin que ellas se den cuenta, ya que la primera lección que nuestra agencia imparte a los forasteros que nos visitan, es que en cada lugar las cosas se viven y se hacen de manera diferente, y que para asegurar una buena estancia, lo mejor es olvidar las reglas propias y disfrutar de las ajenas, que son las de cada lugar. Una recomendación que, todo hay que decirlo, les entra por un oído y les sale por el otro. Pero aún así, durante los pocos segundos que atraviesa el cerebro, nadie puede impedir que la recomendación quede impresa en las neuronas de los turistas, por lo que quieran o no, la idea se les fija en la cabeza, aunque luego, por supuesto, no le hagan ningún caso. ¿No le parece de cajón?
Asintió Manuel aunque escuchaba sin escuchar, dejando que las palabras le entraran por sí solas pero sin hacerles caso, atrapado como estaba por las sensaciones producidas por aquel planeta tan diferente al suyo. Actuaba como lo hacían los turistas cuando recibían las instrucciones de la agencia Mercurio, lo que no parecía molestar al señor Quinqué, al continuar hablando como si nada, contento de ser escuchado sin serlo.

- Fíjese Manuel como este entorno, tan hostil a la vida, no lo es para determinadas ideas y pensamientos y aún menos para otras formas y presencias de las que está lleno el Sistema Solar, de carácter más etéreo e intangible, si quiere usted, pero no por ello menos reales, aunque sutiles y poco visibles. En cierto modo, los difuntos entran en esta categoría de ser, una vez desprendidos de sus cuerpos, que son como las armaduras de carne que se quedan en el suelo, mientras lo que hay dentro despega por los espacios, como cohetes encendidos por la muerte y disparados hacia lo desconocido. Muchas veces, estos cohetes se quedan en simple humareda y en agua de borrajas, esto es verdad, pero no siempre, ya que la voluntad humana es muy terca y lo que queda de determinadas personas se resiste a desaparecer, aunque sólo sean la sombra de la sombra que fueron. ¿Y qué es una sombra de una sombra? Bien poca cosa, dirá usted, y tiene toda la razón del mundo, pero para el que se ha quedado tan escaso, sigue siendo mucho, al ser lo único que tiene, razón más que suficiente para insistir en seguir siéndolo. ¿No le parece?

Se dio cuenta Manuel que se había escindido en dos, ya que una parte de su persona escuchaba con cierto interés las palabras del guía, que al abordar el tema de los difuntos había logrado captar su atención, mientras que la otra parte se preguntaba si todo aquello lo estaba soñando o viviendo en la realidad. Por un lado, era imposible negar lo que veía, rodeado como estaba por aquel paisaje bermejo de piedras oscuras, de ríos de lava y de un calor enorme que haría hervir la sangre de cualquier criatura de la Tierra, pero por otro lado, sabía que estaba sin estar, porque si estuviera de verdad ya haría tiempo que el planeta lo habría fumado de una sola calada y convertido en ceniza. Era el suyo un estado de estar sin estar, que se acercaba mucho a aquellas formas de vida de las que hablaba el señor Quinqué que están y no están por el Universo y por el Sistema Solar, como los mismos difuntos, que viven y no viven. Pensó que aquella manera de ser sin ser no estaba contemplada en el repertorio de las posibilidades de existencia que se estudiaba en las escuelas de los humanos, aunque se daba cuenta de que durante su vida se había encontrado a menudo en ella, al ser una posición conocida por todos, empezando por las marionetas, que viven y no viven, según el momento y si alguien las mueve. Incluso se planteó si no sería una condición propia y característica de la especie humana, disfrutar de este desdoblamiento interior que hace que uno se distancie de lo que es y se imagine otras formas de ser, que a la larga pueden ganar por goleada y sustituir al otro, y así sucesivamente.

El señor Quinqué, que escuchaba con atención los pensamientos de su cliente, dijo:

- ¡De cajón, Manuel, de cajón! Y piense que si le han venido estos excesos del pensamiento, es por estar este planeta especializado en tales cuestiones, para complementar el trabajo del señor Mercurio en su mansión. Porque la única manera de curarse de los fanatismos de las mil creencias que obsesionan a los mortales, no es otra que aceptar estas dualidades contradictorias que usted acaba de pensar. Esto le puede parecer una tontería, pero sepa que constituye uno de los puntos más importantes que los humanos tenemos que comprender, si no queremos irnos al traste con nuestras disputas sin fin. Ahora bien, y por suerte para los humanos, el mundo dispone hoy de unos cuantos lugares en la Tierra que son capaces de despertar, si uno se esfuerza en ello, las mismas sensaciones que se sienten en Venus. Y uno de ellos es la Sagrada Familia, como usted debe haber sospechado a la primera, ¡sí señor! Y si me apura, añadiría la propia ciudad de Barcelona en su conjunto, gracias a su condición extravagante que personas como el señor Gaudí, por poner un ejemplo, han convertido en realidad.

15 Capítol (2a part): Venus





- Potser sigui el moment de visitar Venus, Manuel.

No s'esperava aquella sortida del guia, després del llarg silenci que havia succeït l'atac de riure, reunits en aquella terrassa mig oculta a les altures de la Sagrada Família. Al llarg de les seves disquisicions sobre l'Extravagància, s'havien anant reunint una quinzena dels titelles vius d'en Manuel, que gaudien encantats del paisatge de la ciutat als seus peus.

Va veure que havien acudit els Pericos, aquell repertori de personatges protagonistes de molts dels seus espectacles. S'havien desprès de la seva persona, emancipats no se sabia molt bé si per la seva pròpia voluntat o per la dels Pericos. Obsessions seves de fusta que ara feien el que els donava la gana. En realitat no tenien res a fer, però orbitaven a l'entorn de la seva persona. Segons el Poeta, el necessitaven per escapar del planeta, però era una raó que no el convencia gaire. No es creia els relats mitològics que li havien representat al teatret del Poble Espanyol. Molt macos, però no eren els seus. Potser eren allà per ajudar-lo a construir l'Extravagància, i aquesta era necessària per ells escampar la boira i girar pels móns en llibertat. Això tenia sentit. No massa, en realitat, però a ell ja li anava bé. 
Llevat del Poeta, que de tant en tant s'esplaiava amb aquell to que se sabia de memòria, els demés parlaven poc, per no dir gens. Només Kalim i Kilam es permetien cridar com uns posseïts en els  moments més inesperats, però els demés miraven i callaven.

El Perico de la Barbeta de Cabró, la mirada trapella del qual representava la part més sarcàstica i pèrfida del personatge, li dirigí la paraula.

- Je, je, je, Manuel, no saps ni per on començar. Era molt fàcil quan teníem fils i obeíem els teus designis, sempre paupèrrims, sense cap sentit. I ara necessites al senyor Quinqué, ets incapaç de volar en llibertat.

El Perico del Nas Vermell va saltar en defensa seva.

- No li facis cas, Manuel, som aquí per ajudar-te. El Barbeta sempre ha sigut molt maliciós. Però l'has tractar millor que a tots nosaltres, no sé perquè...

El Perico del Mig Vas Buit va dir:

- Realment, no veig com ens en sortirem d'aquesta.
 
El del Mig Vas Ple replicà:

- Quan l'arròs bull, vigila que no es passi.

En aquell moment el Poeta, absort fins llavors en el seu pensament, deixà de pensar i digué:

- Escoltem com el foc s'enlaira i la devoció es fa fum.

Aixecà les mans i com si la Sagrada Família sencera s'hagués convertit en un espai teatral d'aquests que tan bé coneixia l'Aede, amb les torres traient fum i al cap d'una estona en flames com teies enceses. Tot es tornà vermell i calent, la pedra gris de Montjuic amb la que s'ha construït el temple es va tornar negre com el carbó, i de sobte es van trobar asseguts, en Manuel i en Quinqué,  sobre dues roques que malgrat l'escalfor que desprenien, no cremaven.

- Benvingut a Venus, Manuel! -exclamà ple d'excitació Quinqué, en veure com havien saltat d'un lloc a l'altre-. Haig de dir que mai havia fet un viatge tan veloç a aquest planeta que segons se sap i és costum en aquestes esferes llunyanes de la Terra, hi solen acudir els difunts un cop han après les lliçons de Mercuri i volen continuar la seva ruta en direcció al Sol. I  comprenc que la plataforma de llançament hagi estat la Sagrada Família, que no deixa de ser una foguera de pedra enmig de la ciutat, amb les torres que s'estiren com flames de foc i que per això atrau tant l'atenció dels mortals. Però aquesta relació amb Venus s'explica perquè és aquí on s'ha de resoldre aquest galimaties de les diferències de credos i religions, de la mateixa manera que la Sagrada Família és la catedral universal que ajunta i supera les creences del món, per absurdes i rebuscades que siguin. La raó és aquesta virtut que sempre ha tingut Venus de ser un planeta i una divinitat de les que uneixen els oposats a través del bon gust, de l'estètica i de l'humor. I fixi's si és intel·ligent la naturalesa humana, que ha sabut crear a la Terra, gràcies a la inspiració d'en Gaudí, un lloc capaç de fer allò que en el món de la Ultratomba se n'encarrega Venus, de manera que a la llarga els vius en tindran prou de visitar la Sagrada Família, estalviant-se les rigors i l'estança sempre feixuga en aquest planeta que pateix com qui diu un incendi tan monumental.

Es trobava Manuel en un estat de xoc atenuat per les paraules del guia, que l'ajudaren a adaptar-se en aquell espai tan difícil de definir i que semblava tan perillós, tot i que s'adonava que el foc no l'afectava i podia seguir respirant tan tranquil.

- Ja sap, Manuel, que l'agència Mercuri cuida els seus clients i no podríem deixar de fer-ho en una visita tan singular com és la del planeta Venus, el més semblant al nostre però que fa milions d'anys va perdre les seves aigües i el color blau del cel, envoltat com està de núvols i de gasos de tota mena que creen un efecte hivernacle espantós, cosa que explica aquesta calor que s'enfila a més de quatre-cents graus centígrades, quelcom d'insuportable. Ja sap el que diuen els ecologistes, que si no ens espavilem correm el perill de convertir la Terra en un infern com Venus, cosa que ara ens sembla impossible però que jo tindria molt en compte.

I parlant-li a l'orella, com feia a vegades quan no volia que ningú el sentís llevat del seu client, digué:

- Diuen que la senyora Venus, coneguda també com Afrodita, viu molt bé a la Terra, amagada amb noms falsos i gaudint de propietats espectaculars. Tot i que li agrada molt envoltar-se de flames i hi està acostumada, passa com qui diu els estius al nostre planeta, en temporades que cada vegada estira més i més. Sembla ser que li agrada la platja i prendre el sol, perquè al seu planeta ni es veu, tapat per aquesta nuvolada fosca, tot i que és molt més a prop. Ja pot imaginar-se que un dels seus destins més preferits sigui el del sol d'Espanya, un dels millors del món. No ho troba fantàstic, Manuel?

El paisatge que l'envoltava era realment infernal i s'acostava bastant a les imatges que tantes vegades havia recreat en els seus espectacles, quan mostrava les calderes d'en Pere Botero i els seus dominis, farcits de flames i de forats volcànics que treuen foc pels descosits.

- No deixa de ser estrany que a una divinitat tan refinada i plena de gust com és Venus li hagi tocat aquest planeta tan inhòspit, almenys per a nosaltres, acostumats al regal atmosfèric que és la Terra. Però aquí ocorre com tantes coses en aquest Univers, i és que ens hem de separar dels prejudicis i dels punts de vista terraqüis, els quals van molt bé quan som com qui diu a casa, però no quan en sortim. Això ho anem aprenent a poc a poc els humans, sobretot gràcies al turisme, que serveix per exercir aquesta pedagogia a les masses sense que se n'adonin, ja que la primera lliçó que la nostra agència imparteix als forasters que ens visiten, és que a cada lloc les coses es viuen i es fan de manera diferent, i que per assegurar-se una bona estança, el millor és que un s'oblidi de les regles pròpies i gaudeixi de les alienes que són les pròpies de cada lloc. Una recomanació que, tot s'ha de dir, els hi entra per una orella i els hi surt per l'altre. Però tot i així, durant els pocs segons que travessa els cervells, ningú pot impedir que la recomanació quedi impresa a les seves neurones, de manera que vulguin o no vulguin, la idea se'ls fixa al cap, encara que després no en facin cap cas. No li sembla de caixó?

Assentí en Manuel tot i que l'escoltava sense escoltar, deixant que les paraules li entressin per si soles però sense fer-ne massa cas, atrapat com estava per les sensacions produïdes per aquell planeta tan diferent al seu. Actuava com ho feien els turistes quan rebien les instruccions de l'agència Mercuri, cosa que no semblava molestar al senyor Quinqué, en continuar parlant com si res, content de ser escoltat sense ser-ho.

- Fixi's Manuel com aquest entorn, tan hostil a la vida, no ho és per a determinades idees i pensaments i encara per a altres formes i presències de les que n'està ple el Sistema Solar, de caire més eteri i intangible, si vol vostè, però no per això menys reals, tot i que subtils i poc visibles. En certa manera els mateixos difunts entren en aquesta  categoria, un cop despresos dels seus cossos, que són com les armadures de carn que es queden a terra, mentre allò que hi ha a dins s'enlaira pels espais, com coets encesos per la mort i disparats vers l'ignot. Moltes vegades, aquests coets es queden en foc d'encenalls, això és cert, però no sempre, ja que la voluntat humana és molt tossuda i allò que queda de determinades persones es resisteix a desaparèixer, tot i que realment només siguin l'ombra de l'ombra que eren. I què és una ombra d'una ombra? Ben poca cosa, dirà vostè, i tindrà tota la raó, però per al qui s'ha quedat així, segueix sent molt, en ser l'únic que té, raó més que suficient per insistir en seguir-ho sent. No li sembla?

S'adonà en Manuel que pràcticament s'havia escindit en dos, ja que una part de la seva persona escoltava amb un cert interès les paraules del guia, que en abordar el tema dels difunts havia aconseguit captar la seva atenció, mentre que l'altra part es preguntava si tot allò ho estava somiant o vivint en la realitat. D'una banda, era impossible negar allò que veia, envoltat com estava d'aquell paisatge rogenc de pedres fosques, de rius de lava i d'una calor enorme que faria bullir la sang de qualsevol criatura de la Terra que s'hi exposés, però de l'altra sabia que ell hi era sense ser-hi, perquè si hi fos de veritat ja faria estona que el planeta l'hauria fumat d'una sola pipada i convertit en cendra. Era el seu un estat de ser-hi sense ser-hi, que s'acostava molt a totes aquelles formes de vida que deia en Quinqué que són i no són per l'Univers i pel Sistema Solar, com els mateixos difunts, que viuen i no viuen. Va pensar que aquella manera de ser sense ser no estava contemplat en el repertori de les possibilitats d'existència que s'estudiava a les escoles dels humans, tot i que s'adonava que durant la seva vida s'hi havia trobat sovint, en ser una posició ben coneguda per tothom, començant per les mateixes marionetes, que viuen i no viuen, segons el moment i si algú les manipula. Fins i tot es plantejà si no seria una condició pròpia i característica de l'espècie humana, gaudir d'aquest desdoblament interior que fa que un es distanciï d'allò que és i s'imagini altres maneres de ser, que a la llarga poden guanyar per golejada i substituir a l'altre, i així successivament.

El senyor Quinqué, que escoltava amb atenció els pensaments del seu client, va dir:

- De caixó, Manuel, de caixó! I pensi que si li han vingut aquests excessos d'imaginar-se doble i en estats d'oposició, és perquè aquest planeta s'ha especialitzat en aquestes qüestions, complementant la feina del senyor Mercuri a casa seva. I és que l'única manera de curar-se dels fanatismes de les mil creences que obsessionen als mortals, no és altra que acceptar aquestes dualitats contradictòries i paradoxals que vostè acaba de pensar. Això li pot semblar una banalitat, però sàpiga que constitueix  un dels canvis més importants que els humans haurem de fer tard o d'hora, si no ens volem anar en orris amb les nostres disputes sense fi. Ara bé, i per sort per els humans, el món disposa avui d'uns quants llocs a la Terra que propicien, si un s'hi esforça una mica, viure i sentir el mateix que se sent aquí. I un d'ells és la Sagrada Família, com hem dit abans i vostè deu haver sospitat a la primera, sí senyor! I si m'apura, encara hi afegiria la pròpia ciutat de Barcelona en el seu conjunt, gràcies a la seva condició extravagant que persones com el senyor Gaudí, per posar un exemple, han convertit en realitat!

viernes, 11 de mayo de 2018

14º Capítulo (2a parte): Disquisiciones de altura





Después de permanecer sentados en aquellas alturas de la Sagrada Familia en silencio un rato, quizá corto de reloj pero largo en el tiempo, Manuel comprendió que el objetivo del arquitecto Gaudí no era otro que construir su propia Extravagancia, de piedra en ese caso. También pensó si la Sagrada Familia no sería el molde mental de su plan, lo que descartó enseguida al recordar que nunca la había tenido en cuenta, aunque sí era verdad que la había visto siempre allí en su sitio, creciendo año tras año, como un ejemplo de desmesura ofrecido a la ciudad. Todo esto era un misterio que no acababa de entender, a pesar de intuir que no iba del todo desencaminado en alguna de sus suposiciones.

Tenía ante sí al Aedo, que parecía interrogarlo con la mirada, tan ansioso como él de encontrar respuesta a sus inquietudes. Fumaba aquella pipa de atrezzo sin tabaco, quizás de la misma manera que él fumaba su pipa por dentro. Quinqué, que permanecía callado a su lado desde hacía un buen rato, dijo:

- Creo que tengo la respuesta a su pregunta, Manuel.

Los ojos del Aedo se clavaron en el guía mientras su pipa sacaba un humo raro cuyo olor recordaba al del incienso.

- Construir la Extravagancia, como usted lo llama, una palabra curiosa que, debo confesar, nunca había oído antes con este significado, tiene que ver con lo que se considera una creación estrafalaria o fuera de lugar, que por su magnitud y singularidad, es capaz de atraer la atención de personas situadas en los extremos más opuestos de esta vida, por lo que se puede decir que una de sus características es la capacidad que tiene de acortar distancias y unir diferencias. Fíjese que este es el caso de edificios emblemáticos, como lo puede ser la Torre Eiffel y, por supuesto, la Sagrada Familia, esta iglesia monumental que no se parece a ninguna otra y que se levanta de un modo como en ninguna parte se ha visto antes, por muy monstruosa que la encuentren algunos. Y realmente podemos decir que debido a su poder de atracción, no hay distancias en el mundo que impidan que la gente venga y la visite, sean las personas como sean, amigas o enemigas o simplemente tan distantes como lo pueden ser dos personas distantes. Este es el misterio y casi le diría el milagro de su existencia, por lo que le decía antes de que la consideraba una catedral universal abierta a todos los credos e incredulidades inimaginables. ¿No le parece de cajón, Manuel?

Una luz se encendió en la mente del titiritero.

- ¿Quiere decir, Quinqué, que todos estos millones de personas que acuden a visitarla no son más que peregrinos atraídos por el misterio de esta capacidad invisible de unión, pero que lo hacen disfrazados de turistas?

- Ha dado en el clavo, Manuel, yo no veo otra explicación, por mucho que los periódicos nos hablen de sociología y de la industria del turismo. Piense que estamos en una época de incredulidades, en la que nadie cree en nada, por eso es normal que la gente peregrine sin que sean conscientes de ello o que lo quieran reconocer, ya que lo encontrarían ridículo y muy démodé.

- Entonces deberíamos concluir, Quinqué, que el éxito de Barcelona es también un fenómeno de peregrinaje camuflado, al haberse convertido la ciudad entera en una Extravagancia capaz de despertar este interés de la diversidad que busca la unión invisible?

- Es una manera de decirlo muy acertada, estoy totalmente de acuerdo con usted. Tendré que consultarlo con el señor Mercurio, no sea que se nos ocurra alguna nueva estratagema publicitaria.

- Pues sepa, Quinqué, que con palabras similares a las que acaba de utilizar para explicar la Extravagancia, yo ya había definido con anterioridad el teatro de marionetas, capaz de crear distancia para unir la diferencia. Piense que cuando actúa una marioneta, y esta es la base de nuestro arte, el muñeco de madera coge vida y se convierte en el sujeto principal para aquellos que estamos a su lado, seamos titiriteros o seamos espectadores, los cuales pasamos a un estado pasivo en relación al títere. La comunicación entre las personas se hace entonces desde la distancia que fuerza la marioneta, y por ello se puede decir que la forma que utiliza el teatro de títeres para unir y comunicar, es a través de la separación.

- ¿Insinúa quizás, Manuel, que la Sagrada Familia actúa como si fuera una marioneta gigante de piedra que une a la gente al convertirse en un centro activo frente al pasivo de las personas?

- Exactamente, con la peculiaridad de que Gaudí lo hizo todo de piedra y estático, garantizando así la máxima distancia y, por ello, la unión pacífica de la gente. En realidad, Quinqué, cada una de las puertas las he visto hoy como uno de estos retablos medievales cargados de figuras con muchas escenas y elementos teatrales, con tanta variedad que satura la mirada y asegura la atención de todo el mundo, impidiendo una visión única y propiciando que cada uno se haga las interpretaciones que le apetezcan. Y cuando se entra en el interior de la iglesia, el conjunto vuelve a ser de una espectacularidad que todos se la apropian a su manera.

- Dicen que la finalidad de estas largas columnas y la del bosque de plantas que suben y se abren en estas figuras geométricas tan esplendorosas sobre las que ahora estamos sentados, es la de funcionar como un órgano de piedra y de luz, con una música que suena por dentro y por eso mismo tan unificadora, ya que no hay nada que más unifique que la presunción de que todos escuchamos lo mismo oyendo en realidad cosas distintas o simplemente no escuchando nada.

- Pues si le añadimos la música, entonces tenemos que hablar de una inmensa ópera de marionetas de piedra, muda y estática, aunque quizás a la larga se les ocurra poner autómatas de piedra, como se ve que hacían los egipcios antiguos en sus templos... Seguramente esto hubiera gustado a Gaudí, que siempre defendía la vitalidad y el colorido de las figuras de la fachada.

- Si lo sigue diciendo en voz alta, no me extrañaría que le cojan la idea, Manuel, porque la encuentro muy acertada, ¡sí señor!

Se quedaron callados, tal vez imaginando el movimiento de las figuras de las fachadas, lo que no haría más que acentuar el atractivo del edificio. Manuel tenía la pipa interior encendida a todo vapor, y su mente hervía con preguntas y respuestas que se iban sucediendo, dando vueltas por las ocho torres como si jugaran al escondite.

- Comprendo que esto sea así en la Extravagancia de la Sagrada Familia, que cumple al pie de la letra sus funciones, ¿pero en mi caso...?

- ¿Se refiere a su Extravagancia?

- La misma. Piense que este es el objetivo del huevo y de la pipa que fumo cada día por dentro. Por otra parte, mis marionetas de madera están más vivas y animadas que nunca, como es fácil constatar...

El Poeta lo escrutaba con los ojos móviles según el sistema mecánico que había ideado al construirlo, con su pequeño y característico ruido que reforzaba la inquietud vital de la mirada.

- Quizá para asegurar el éxito de la Extravagancia: si están tan activos, será difícil que usted se olvide de la misma. Y si su función es unir la distancia que separa a los opuestos, ya sabrá usted dónde están estas diferencias, aunque le tengo que recordar aquí que existen muchas maneras de crear distancia y de ver las cosas desde lejos.

- ¿Se refiere usted a Mercurio y a la Luna?

- Por supuesto, Manuel. ¿Como sino separar, ver y reconciliarse con las diferencias interiores de cada uno, empezando por las mismas instancias que tienen que ver con la vida y la muerte, si no es a través de la distancia que nos dan los planetas, el sol, la luna y las estrellas?

- ¡Eso sería como una Sagrada Familia que ocupara todo el Sistema Solar, Quinqué!

- Y más lejos aún, pero siempre partiendo de una base sólida, que es allí donde ponemos los pies en el suelo.

- ¡La ciudad, Quinqué, Barcelona es el fundamento de la Extravagancia, ahora lo veo claro!

- Si usted lo dice...

Miró la extensión de superficie urbana que se extendía en dirección al mar, ya que aquella era la orientación de sus puntos de mira, una imagen que sintetizaba en formas geométricas una complejidad infinita, un microcosmos de interacciones inabordable aunque sintetizable desde el punto de vista de las pulsiones, como tanto se esforzaban en detectar los poderes y las empresas de telecomunicación del mundo, que basan su negocio en el conocimiento y el control de las pulsiones humanas. Y pensó que mientras los poderosos se interesaban por la sociología, los algoritmos y la computación de los fenómenos, a él y al señor Quinqué les interesaba más la cuestión desde perspectivas de ironía cosmológica, que era una manera de definir aquella atención a las distancias que se extendían y se acortaban a voluntad, gracias al mecanismo interior de la pipa que servía para fumarse a sí mismo.

Y como si el señor Quinqué lo hubiera escuchado, estallaron ambos en sonoras carcajadas, acompañados del cloc-cloc de los títeres que tenían al lado, atrapados también por el reventón de risa.

14è Capítol (2a part): Disquisicions d'altura




Després de romandre asseguts una estona en aquelles altures de la Sagrada Família,  potser curta de rellotge però llarga en el temps, Manuel va comprendre de sobte que l'objectiu de l'arquitecte Gaudí no era altre que construir la seva pròpia Extravagància, de pedra en el seu cas. També pensà si la Sagrada Família no seria el motllo mental del seu pla, cosa que descartà de seguida en recordar que mai l'havia tingut en compte, tot i que sí era veritat que l'havia vist sempre al seu lloc, creixent any rere any, com un exemple de desmesura ofert a la ciutat. Tot això era un misteri que no acabava d'entendre, malgrat intuir que no anava del tot desencaminat en algunes de  les seves suposicions.

Tenia davant seu l'Aede, que semblava interrogar-lo amb la mirada, tan ansiós com ell de trobar respostes a les seves idees. Fumava aquella pipa d'atrezzo sense tabac, potser de la mateixa manera que ell fumava la seva pipa per dins.  Quinqué, que romania callat al seu costat des de feia una bona estona, va dir:

- Crec que tinc la resposta a la seva pregunta, senyor Manuel.

Amb la seva pipa traient fum com una xemeneia, els ulls de vidre de l'Aede es clavaren en el senyor Quinqué, ansiós d'escoltar les seves paraules.

- Construir l'Extravagància, com vostè l'anomena, una paraula curiosa que, li haig de confessar, mai havia sentit abans amb aquest significat, té a veure amb allò que sempre s'ha considerat com una creació estrafolària o fora de lloc, que per la seva magnitud i singularitat, és capaç d'atraure l'atenció de persones situades en els extrems més oposats d'aquesta vida, de manera que es pot dir que una de les seves característiques és la capacitat que té d'escurçar distàncies i unir les diferències. Fixi's que aquest és el cas d'edificis emblemàtics, com ho pot ser la Torre Eiffel i, per descomptat, la Sagrada Família, aquesta església monumental que no s'assembla a cap altra i que s'aixeca d'una manera que enlloc s'ha vist abans, per molt monstruosa que la trobin alguns. I realment podem dir que a causa del seu poder d'atracció, no hi ha distàncies al món que impedeixin que la gent vingui i la visiti, siguin les persones com siguin, amigues o enemigues o simplement tan distants com ho poden ser dues persones distants. Aquest és el misteri i quasi bé li diria el miracle de la seva existència, motiu pel qual li deia abans que la considerava una catedral universal oberta a tots els credos i incredulitats inimaginables. No li sembla de caixó, Manuel?

Un llum s'il·luminà en la ment del titellaire.

- Vol dir, Quinqué, que tots aquests milions de persones que acudeixen a visitar-la no són més que peregrins atrets pel misteri d'aquesta capacitat invisible d'unió, però que ho fan disfressats de turistes?

- Ha donat al clau, Manuel, jo no hi veig cap altra explicació, per molt que els diaris ens parlin de sociologia i de la indústria del turisme. Pensi que som en una època d'incredulitats, en la que ningú creu en res, per això és normal que la gent peregrini sense que en siguin conscients o que ho vulguin reconèixer, ja que ho trobarien ridícul i molt démodé. 

- Llavors hauríem de concloure, Quinqué, que l'èxit de Barcelona és també un fenomen de peregrinatge camuflat, en haver-se convertit la ciutat sencera en una Extravagància capaç de despertar aquest interès de la diversitat que busca la unió invisible?

- És una manera de dir-ho molt encertada, estic totalment d'acord amb vostè. Ho hauré de consultar amb el senyor Mercuri, no sigui que se'ns ocorri alguna nova estratagema publicitària.

- Doncs sàpiga, Quinqué, que amb paraules semblants a les que acaba d'utilitzar per explicar l'Extravagància, jo ja havia definit amb anterioritat el teatre de marionetes, capaç de crear distància per unir la diferència. Pensi que quan actua una marioneta, i aquesta és la base de la nostra art, el ninot de fusta agafa vida i es converteix en el subjecte principal per a aquells que som al seu costat, siguem els titellaires  o els espectadors, els quals passen a un estat passiu en relació al titella. La comunicació entre les persones es fa llavors des de la distància que força la marioneta, i per això es pot dir que la manera que utilitza el teatre de titelles per unir i comunicar, és a través de la separació. 

- Insinua potser, Manuel, que la Sagrada Família actua com si fos una marioneta gegant i esgarrifosa de pedra que uneix la gent en esdevenir un centre actiu enfront del passiu de les persones?

- Exactament, amb la peculiaritat de que en Gaudí ho va fer tot de pedra i estàtic, garantint així la màxima distància i, per això, la unió pacífica de la gent. En realitat, Quinqué, cada una de les portes les he vist avui com un d'aquests retaules medievals carregats de figures amb moltes escenes i elements teatrals, amb tanta varietat que satura la mirada i assegura l'atenció de tothom, impedint una visió única i propiciant que cadascú es faci les interpretacions que li vinguin de gust. I quan s'entra a l'interior de l'església, el conjunt torna a ser d'una espectacularitat tal que fa que tots se l'apropiïn a la seva manera.

- Diuen que la finalitat d'aquestes llargues columnes i del bosc de plantes que pugen i s'obren en aquestes figures i formes geomètriques tan esplendoroses sobre les que ara estem asseguts, és la de funcionar com un orgue de pedra i de llum, una música que sona per dins i per això tan unificadora, ja que no hi ha res que més unifiqui que la presumpció de que tots escoltem el mateix sentint en realitat coses distintes o simplement no sentint res.

- Doncs, si hi afegim la música, llavors hem de parlar d'una immensa òpera de marionetes de pedra, muda i estàtica, tot i que potser a la llarga se'ls ocorri posar-hi autòmats de pedra, com es veu que feien els egipcis antics en els seus temples... Segurament això hauria agradat a en Gaudí, que sempre defensava la vitalitat i el colorit de les figures de la façana.

- Si ho segueix dient en veu alta, no m'estranyaria que li agafin la idea, Manuel, perquè la trobo molt encertada, sí senyor!

Es van quedar callats, potser imaginant el moviment de les figures de les façanes, cosa que no faria més que accentuar l'atractiu de l'edifici. Però en Manuel tenia la pipa interior encesa a tot drap, i la seva ment bullia de preguntes i de respostes que s'anaven succeint, donant voltes per les vuit torres com si juguessin a fet i amagar.

- Comprenc que això sigui així en l'Extravagància de la Sagrada Família, que compleix al peu de la lletra les seves funcions, però en el meu cas...?

- Es refereix a la seva Extravagància?

- La mateixa. Pensi que aquest és l'objectiu de l'ou i de la pipa que fumo cada dia per dins... Per altra part, els meus titelles de fusta estan més vius i animats que mai, com és fàcil constatar...
El Poeta el mirava aclucant els ulls de la manera mecànica amb la que els havia construït, amb el seu característic sorollet que reforçava la inquietud vital de la mirada.

- Potser per assegurar l'èxit de l'Extravagància: si estan tan actius, serà difícil que se n'oblidi. I si la seva funció és unir la distància que separa els oposats, ja sabrà vostè on són aquestes diferències, tot i que li haig de recordar aquí que hi ha moltes maneres de crear distància i de veure les coses des de lluny.

- Es refereix vostè a Mercuri i a la Lluna?

- Per descomptat, senyor Manuel. Com sinó separar, veure i reconciliar-se amb les diferències que un té a dins, començant per les mateixes instàncies que tenen a veure amb la vida i la mort, si no és a través de la distància que ens donen els planetes, el sol, la lluna i les estrelles?

- Això seria com una Sagrada Família que ocuparia tot el Sistema Solar, Quinqué!

- I més lluny encara, però sempre partint d'una base sòlida, que és allà on toquem de peus a terra.

- La ciutat, Quinqué, Barcelona és el fonament de l'Extravagància, ara ho veig clar!

- Si vostè ho diu...

Va mirar l'extensió de superfície urbana que s'estenia en direcció al mar, ja que aquella era l'orientació dels seus punts de mira, una imatge que sintetitzava en formes geomètriques una complexitat infinita, un microcosmos d'interaccions inabordable tot i que sintetitzable des del punt de vista de les pulsions, com tant s'esforçaven de pescar els poders i les empreses de telecomunicació del món, que basen el seu negoci en el coneixement i el control de les pulsions humanes. I pensà que mentre els poderosos s'interessaven per la sociologia, els algoritmes i la computació dels fenòmens, a ell i al senyor

Quinqué els interessava més la qüestió des de perspectives d'ironia cosmològica, que era una manera de definir aquella atenció a les distàncies que s'estenien i s'escurçaven a voluntat, gràcies al mecanisme interior de la pipa que servia per fumar-se a si mateix.

I com si el senyor Quinqué l'hagués escoltat, van explotar els dos en sonores riallades, acompanyats dels cloc-clocs dels titelles que els envoltaven, atrapats també per la rebentada de riure.

martes, 8 de mayo de 2018

13º Capítulo (2a parte): La Sagrada Familia





No fue ninguna sorpresa, porque ya Quinqué le había hablado varias veces de este monumento gaudiniano, siempre con altisonantes elogios, y por eso, cuando le invitó a hacer una visita a la Sagrada Familia, lo encontró como la cosa más lógica del mundo. Si había alguna extravagancia renombrada en Barcelona, ??esta era la iglesia de Gaudí, uno de los edificios más prodigiosos y alborotados del mundo. Encajaba como anillo al dedo con su reciente plan sin plan urdido.

Se acercó a la caseta de seguridad que hay delante de la puerta de la Pasión, y pidió por el señor Quinqué. El empleado le dijo que esperara, que vendría enseguida. Había mucho movimiento de grupos que buscaban a su guía, de guías que buscaban a su grupo, todos ellos con citas previas, ya que el acceso al Templo estaba muy regulado, para frenar la avalancha de visitantes siempre desmedida en agosto. Tuvo que reconocer Manuel que, salvo una vez que había llevado a alguien veinte años atrás, no había pisado la Sagrada Familia desde entonces, un lugar con el que muchos barceloneses viven de espaldas. La verdad es que no sabía muy bien porque, era una costumbre que cierta parte de la ciudadanía había instituido, con actitudes de mucha convicción crítica.

Se sintió de pronto muy excitado de visitar ese espacio turístico, como si sus ojos, trasladados a la óptica de los extranjeros que lo rodeaban, gozaran de una perspectiva exterior que por regla general los de Barcelona carecen.

- ¡Don Manuel, por aquí, por aquí!

Apareció Quinqué dentro del recinto, donde se movía como en casa, saludando a sus compañeros de trabajo que miraban móviles y listas en unos papeles colgados en un panel. Abrió una puerta metálica guardada por un miembro de seguridad y dejó pasar al titiritero.

- Hemos hecho bien en venir temprano, hoy es un día de esos que se puede decir que haremos pleno, según he podido comprobar y como ocurre cada día, por otra parte. Por fortuna, me he quitado de encima los compromisos que tenía, no hay nada como disponer de buenas amistades, Manuel, y las sustituciones aquí se pagan muy bien. ¡No se puede imaginar la demanda que hay! ¡Quizás muramos por ello, pero el éxito es rotundo!

Miró Manuel hacia la fachada de la Pasión, que tanta polémica ha despertado siempre entre las cabezas pensantes de la ciudad, que dicen que es una aberración y una pifia del escultor que se encargó de las esculturas, el señor Subirachs. Pero calló, ya que no tenía ganas de entrar en discusiones con su guía. Sentía una curiosidad creciente y tenía ganas de mirarlo todo desde la ingenuidad del neófito que era, pues tenía que reconocer que de este asunto no sabía nada.

- Manuel, siempre tenemos por costumbre, cuando se trata de hacer una visita con gente de gusto, empezar por las escuelas que Gaudí construyó para los hijos de los trabajadores. Ya sabe la importancia que daba a sus operarios, en este tipo de obra en la que se experimentaba sobre la marcha. Pues bien, el pequeño edificio de las escuelas construido en 1909, cambiado de lugar varias veces, es una verdadera joya, un ejemplo del genio compositivo y estructural de Gaudí, de cómo aprovechar el espacio al máximo con soluciones mínimas y originales, como es el uso del conoide para la curva de las paredes y del techo, una maravilla de estructura geométrica, que consigue una gran resistencia con simplicidad y enorme economía de medios. Para muchos arquitectos, esta escuela constituye uno de los edificios más interesantes de Gaudí, estudiado e imitado por los entendidos que le profesan verdadera devoción.

Entraron en aquella modesta construcción, provista de tres aulas que habían decorado como si todavía se dieran clases en una de ellas. Respiró Manuel un aire antiguo y precario, como es normal que sea un lugar destinado a educar a niños humildes de la clase trabajadora. El contraste entre esta humildad y el respeto y la atención que guías y visitantes profesaban al edificio, era realmente curioso y paradójico. El áurea de Gaudí creaba una alquimia que era capaz de transformarlo todo, como si entrar en ese recinto fuera estar en contacto con un prodigio que sobrepasaba los límites de la condición humana.

Pero la visión del interior de la basílica, ya plenamente acabada desde 2010, fue una especie de choque para Manuel. La altura de las columnas y el estallido de colores, texturas, geometrías y formas inspiradas en esqueléticas ramificaciones arbóreas, casi lo asustó. No estaba preparado el titiritero para ver espacios de aquella naturaleza y magnitud, acostumbrado a una vida austera y actuando siempre en espacios modestos, aunque sí había visto algunos edificios emblemáticos del mundo en sus viajes. Pero de eso hacía mucho tiempo y no podía encajar en ninguna parte el delirio arquitectónico que se le abría ante sí.

- Veo, Manuel, que le ha sorprendido ver esta profusión de formas que se alzan hacia el cielo sin pudor alguno, ya que si algo tenía Gaudí de característico era esta oposición radical entre la contención religiosa y casi anacoreta de su vida privada, especialmente de viejo, y la incontinencia desatada de su imaginación que iba tan lejos como le permitía la técnica. Porque lo más importante aquí es que en este edificio forma y función se juntan como anillo al dedo, quiero decir que a pesar de que todo parece una fantasía hecha de piedra, en realidad cada forma responde a su función exacta en el conjunto, de modo que salvo las esculturas, no hay aquí nada de gratuito. ¡Admirable al cien por cien, Manuel!

Supo así el titiritero lo que se explica a los visitantes sobre las innovaciones arquitectónicas del arquitecto de Reus, el estudio del equilibrio de fuerzas en el reflejo de sus maquetas hechas al revés, con los saquitos llenos de perdigones para simular peso y resistencias, y cómo utilizó formas que sacaba de la naturaleza y que él sintetizaba en composiciones geométricas, los hiperboloides, paraboloides, elipsoides y la espectacular helicoides en sus escaleras de caracol dejadas a vista que parecen tuercas gigantescas de esas que se utilizan para agujerear la tierra. O el uso del arco catenario, inspirado en la curva llamada catenaria que hace una cuerda cuando cae suspendida entre dos puntos. Cosas de las que había oído hablar Manuel, pero que ahora podía ver en su realidad monumental hecha de piedra.

Tuvo que sentarse en una de las sillas para los feligreses que hay en la nave central, y contemplar sentado las alturas luminosas de la basílica. El esplendor visual era tan variado y potente, que necesitaría días y semanas para discernir los detalles y sus significaciones, si es que tenían alguna como sospechaba.

- Fíjese, Manuel, como estas columnas que suben y se ramifican son los huesos vegetales de un bosque de piedra, y como el techo es la columna vertebral con sus vértebras de un cuerpo que se agacha para sostener sobre él las torres que deben subir mucho más arriba todavía de las que existen hoy. También se podría decir que estas columnas son las raíces óseas que sustentan los troncos de las torres centrales que subirán cielo arriba y que junto con las de las fachadas, constituyen este bosque monumental de piedra atornillada situado en medio de Barcelona que es la Sagrada familia, un bosque plantado por Gaudí en su día y que ha ido creciendo a lo largo de los años, bien regado últimamente por la afluencia turística.

Le importaban un rábano a Manuel las disquisiciones del señor Quinqué, que le entraban por un oído y le salían por el otro, pero escuchaba con agrado sus palabras, cuyo entusiasmo lo mantenía en ese estado feliz de mirada exterior y distanciada. Por dentro, una vocecita irónica se reía de que a su edad se dejara llevar por una situación tan banal como era descubrir la Sagrada Familia, un lugar que había visto e ignorado miles de veces al pasar por su lado. Pero hacía rato que notaba que su pipa interior empezaba a entrar en combustión, y supo también que todas aquellas ironías y los prejuicios que le llegaban del pasado acudían sólo para satisfacer las necesidades de combustión de la pipa, ávida de fumarlos, mientras quién se lo miraba desde la cabeza empezaba a sentir el conocido mareo que precedía a la bajada a la pipa, para iniciar de esta manera el proceso de desdoblamiento que no tardaría mucho en desembocar en el que mira desde arriba cómo el otro se fuma a sí mismo.

Soltó una carcajada que sorprendió y agradró al señor Quinqué y no tanto a los turistas que estaban sentados en las sillas vecinas, absortos como él en la visión de las alturas y descansando de tantas horas de ver y pisar piedra.

Entonces los vio: sobre las barandillas de los estrechos pasillos de los niveles superiores del recinto, distinguió  las cabezas de sus títeres, que parecían muy contentos de verse donde se veían y de  contemplar la masa de visitantes que entraba y salía del templo. Se movían nerviosos de un lado a otro, a veces se inclinaban sobre el vacío inmenso hecho de luz y piedra. Supo que sólo él los veía, ya que en ningún momento percibió algún signo de extrañeza entre los turistas y los escasos visitantes locales. Y de repente, se vio desde arriba también a sí mismo junto al señor Quinqué, que le susurraba al oído maravillas del lugar, con numerosos datos sobre la Sagrada Familia, que guardaba en la memoria para sospesarlas más tarde, ya que ahora estaba más interesado en pasear por aquellas alturas en compañía de sus Pericos y demás personitas que se habían escapado del Aposento.

Se dio cuenta que su guía ya no estaba abajo sentado a su lado, ni él tampoco, y al cabo de un rato, lo vio subir por una de las escaleras de caracol que colgaban rectas en el espacio de la basílica. No tardó en tenerlo delante. Al fondo, el Perico Perico le hacía señas indicándole una dirección. La siguieron sin decir una palabra y entraron por una puerta que se habría dicho surgida de algún cuento de las Mil y Una Noches, de piedra y con una forma exótica y descomunal.

- No crea que está soñando, Manuel, esta puerta es tanto de Gaudí como cualquier otro elemento arquitectónico de la Basílica, ya que su inventiva estaba condicionada por una imaginación que desbordaba todas las previsiones, inspirado decía él en la naturaleza, aunque yo pienso a veces si no se inspiraría en otros paisajes más lejanos y rebuscados aún, ya que su capacidad visionaria era de las que van lejos y no se detienen ante los obstáculos.

Y bajando la voz, añadió:

- Dicen que su inspiración era el clasicismo de la Grecia antigua, lo que dejaba boquiabierto a todo el mundo, ya que no hay nada que más se aleje de la austeridad noble y armoniosa del arte griego que las formas gaudinianas y el modernismo en general. Pero él replicaba que sólo estaba haciendo lo que habrían hecho los griegos si hubieran seguido viviendo y creando arquitectura a lo largo de los milenios. Según explicaba, la Sagrada Familia era el edificio que más se acercaba al Partenón si éste hubiera contado con el poso de los siglos y la experiencia acumulada que tienen hoy los albañiles catalanes. De ahí venía su obsesión en pintarlo todo de muchos colores, como hacían los escultores griegos e hizo él en la fachada del Nacimiento, huyendo del mal gusto actual por la piedra desnuda, que él veía muerta y que gusta tanto a los contemporáneos. ¡Admirable al cien por cien, Manuel!

Enfilaron por un pasillo interior que daba vueltas y más vueltas hasta que salieron a una especie de azotea o terraza que se abría en el interior del espacio en construcción encima del templo. Veía las ocho torres ya existentes despegar muy por encima de la ciudad y pensó cómo diablos acabaría todo aquello una vez terminadas las torres que faltaban, más la del medio que según le había dicho Quinqué, ascendería hasta los 173 metros, los mismos que tenían las alturas de Montjuic. ¡Un artefacto delirante y monstruoso!

- Lo es, lo es, Manuel, no puede imaginarse como lo es de delirante este edificio, motivo por el que entusiasma tanto a todo el mundo.

Comprendió que Quinqué escuchaba su voz interior, como había sucedido en Mercurio, que él había explicado por la proximidad del sol, y ahora calculó si no serían aquellas cuatro torres de piedra de la Pasión las que hacían de antenas del pensamiento.

 - Fíjese que muchos dicen que esta iglesia será en el futuro la catedral universal de la Iglesia Católica.

Parece ser que el Papa Benedicto XVI, en su visita de consagración el 7 de noviembre de 2010, quedó tan impresionado y fueron tan extraordinarias las palabras dichas en su admiración del templo, que todo el mundo dedujo que a la larga, la Sagrada familia estaría destinada a jugar un papel fundamental en el devenir del catolicismo. Es curioso que muchos años antes, otras personas, como el escritor Francesc Pujols, que conoció bien a Gaudí, profetizó que el Templo se convertiría, una vez terminado, en el monumento póstumo dedicado a la Iglesia Católica, cuyo final él calculaba en coincidencia con el de sus obras de construcción. Algo que sólo se puede entender por la impresión que causa a todo el mundo semejante atrevimiento arquitectónico. Yo, sin embargo, prefiero pensar que su futuro no puede ser otro que convertirse en la Catedral Universal de todas las iglesias y creencias religiosas del mundo, sean deístas o ateas, ya que hoy en día hay de todo en este mundo. Y no hay que irse muy lejos en el futuro para comprenderlo, sólo cabe fijarse en la procedencia de los millones y millones de visitantes que acuden, y se dará cuenta que pertenecen a todas las religiones y culturas de este planeta, sin que a nadie le importen los símbolos religiosos puestos por Gaudí y sus continuadores, salvo a los artistas locales, claro, por esta fijación en contra que le tienen. Al ser tan estrambóticos e incomprensibles muchos de estos signos, todo el mundo los hace suyos, inventándose los significados profundos que tienen y no tienen. ¿No lo encuentra irrefutable al cien por cien, Manuel?

Esta aseveración de Quinqué impresionó mucho a Manuel. Nunca había pensado que aquel templo tan familiar a los barceloneses pudiera ser en realidad un edificio vacío capaz de convertirse en la catedral de los habitantes del mundo entero, sean laicos o religiosos, fanáticos o librepensadores, creyentes o descreídos. Y la realidad aparentaba dar la razón al guía, que con su cara de pájaro parecía querer despegar en cualquier momento para darse un garbeo por entre las torres. También comprendió que aquel edificio era un monumento a la imaginación y al atrevimiento humano, una especie de celebración de la creatividad enloquecida, de la que Gaudí fue eminente practicante. Y quizá por eso interesaba y satisfacía a todos, menos a la inteligencia local, siempre terca en no reconocer los méritos de quién se sale de la mediana.

Se dio cuenta de que Perico Perico había instalado dos tumbonas en la terraza, del mismo estilo que las utilizadas en el mirador del Castillo de Montjuic, desde las que habían despegado por segunda vez a la Luna para saltar después a Mercurio. No podía menos que felicitarse de la eficacia de sus títeres, que habían comprendido a la perfección sus trabajos de asistencia, aunque sabía de sobre que no podía confiar demasiado en ellos, por la misma razón que tampoco acababa de fiar de sí mismo. Se sentaron. El señor Quinqué ya había sacado dos puros del bolsillo y al cabo de pocos minutos tenían los cigarros encendidos echando humo a raudales que se enroscaba como pequeños hilos de niebla por entre las filigranas del entorno. Y mientras disfrutaban de la triple combustión, la doble de Manuel y la del cigarro de Quinqué, se dejaron llevar por la grandeza de lo que veían, rodeados de piedra, grúas y palomas.

13è Capítol (2a part): La Sagrada Família




No era cap sorpresa, perquè ja en Quinqué li havia parlar diverses vegades d'aquest monument gaudinià, sempre amb altisonants elogis, de manera que quan el convidà a fer una visita a la Sagrada Família, ho trobà com la cosa més lògica del món. En efecte, si hi havia alguna extravagància sonada a Barcelona, aquesta era l'església de Gaudí, sens dubte un dels edificis més prodigiosos i esvalotats del món. Encaixava com anell al dit amb el seu recent pla sense pla ordit.

S'acostà a la caseta de seguretat que hi ha davant la porta de la Passió, i demanà pel senyor Quinqué. L'empleat li va dir que s'esperés, que vindria de seguida. Hi havia molt moviment de grups que buscaven el seu guia, de guies que buscaven el seu grup, tots ells amb cites prèvies, ja que l'accés al Temple estava molt regulat, per frenar l'allau de visitants sempre sobrepujat a l'agost. Va haver de reconèixer Manuel que, llevat d'una vegada que va portar-hi algú feia d'això més de vint anys, no havia trepitjat la Sagrada Família des de llavors, un lloc al qual molts barcelonins hi viuen d'espatlles. La veritat és que no sabia ben bé perquè, era un costum que certa part de la ciutadania havia instituït, amb actituds de molta convicció crítica.

De sobte es va sentir molt excitat de visitar aquell espai turístic, com si els seus ulls, traslladats a l'òptica dels estrangers que l'envoltaven, li atorguessin una mirada exterior que per regla general un de Barcelona no té.

- Senyor Manuel, per aquí, per aquí!

Va aparèixer en Quinqué de dins del recinte, on es movia com a casa, saludant als seus companys de feina que miraven mòbils i llistes a uns papers penjats en un panell. Va obrir una porta metàl·lica guardada per un membre de seguretat i va deixar passar al titellaire.

- Hem fet bé de venir d'hora, avui és un dia d'aquests que es pot dir que farem ple, segons he pogut comprovar i com passa cada dia, per altra part. Per fortuna, m'he tret de sobre els compromisos que em tocaven, no hi ha res com tenir bones amistats, Manuel, i les substitucions aquí es paguen molt bé. No es pot imaginar la demanda que hi ha! Potser en morirem, però l'èxit és rotund!

Va mirar enlaire Manuel vers la façana de la Passió, que tanta polèmica ha despertat sempre entre els caps pensants de la ciutat, que diuen que és una aberració i una pífia de l'escultor que s'encarregà de les escultures, el senyor Subirachs. Però va callar, ja que no tenia ganes d'entrar en discussions amb el seu guia. Sentia una curiositat creixent i tenia ganes de mirar-ho tot amb la ingenuïtat del neòfit que era, posat amb ferma decisió en la pell del turista.

- Manuel, sempre tenim per costum, quan es tracta de fer una visita amb gent de gust, començar per veure les escoles que Gaudí va construir per als fills dels treballadors. Ja sap la importància que donava als seus operaris, en aquesta mena d'obra en la que s'experimentava sobre la marxa. Doncs bé, el petit edifici de les escoles construït l'any 1909, canviat de lloc diverses vegades, és una verdadera joia, un exemple del geni compositiu i estructural d'en Gaudí, de com aprofitar l'espai al màxim amb solucions mínimes i originals, com és l'ús del conoide per a la corba de les parets i del sostre, una meravella d'estructura geomètrica, que aconsegueix una gran resistència amb una simplicitat i una economia de mitjans extraordinàries. Per a molts arquitectes, aquesta escola constitueix un dels edificis més interessants de Gaudí, estudiat i imitat pels entesos que li professen verdadera devoció.

Van entrar en aquella modesta construcció, de tres aules que havien decorat com si encara s'hi donessin classes en una d'elles. Va respirar Manuel un aire antic i precari, com és normal que sigui un lloc destinat a educar a nens humils de la classe treballadora. El contrast entre aquesta humilitat i el respecte i l'atenció que guies i visitants li posaven, era realment curiós i paradoxal. L'àuria d'en Gaudí creava una alquímia tal que era capaç de transformar-ho tot, com si entrar en aquell recinte fos entrar en contacte amb quelcom de prodigiós que sobrepassava els límits de la condició humana.

Però la visió de l'interior de la basílica, ja plenament acabada des del 2010, va ser una mena de xoc per a en Manuel. L'altura de les columnes i l'esclat de colors, textures, geometries i formes inspirades en esquelètiques ramificacions arbòries, el va quasi espantar. No estava preparat el titellaire a veure espais d'aquella naturalesa i magnitud, acostumat a una vida austera, actuant sempre en espais petits i modestos, tot i que sí havia vist alguns edificis emblemàtics del món en els seus antics viatges. Però d'això feia molt de temps i no sabia encaixar enlloc aquell deliri arquitectònic que se li obria davant seu.

- Veig, Manuel, que l'ha sorprès veure aquesta profusió de formes que s'alcen cap al cel sense cap mena de pudor, ja que si alguna cosa tenia Gaudí de característic era aquesta oposició radical entre la contenció religiosa i quasi bé anacoreta de la seva vida privada, especialment de vell, i la incontinència disbauxada de la seva imaginació que anava tan lluny com li permetia la tècnica. Perquè el més important de tot plegat és que en aquest edifici forma i funció s'ajunten com anell al dit, vull dir que malgrat tot sembli un foc d'encenalls fet de pedra, en realitat tot s'aguanta per la funció exacta de la forma, de manera que llevat de les escultures, no hi ha res de gratuït. Admirable al cent per cent, Manuel!

Va assabentar-se així el titellaire d'allò que s'explica sempre als visitants sobre les innovacions arquitectòniques aplicades per l'arquitecte de Reus, l'estudi de l'equilibri de forces amb les seves maquetes fetes del revés, amb saquets plens de perdigons per simular pes i resistències, i com utilitzà formes que extreia de la natura i que ell sintetitzava en composicions geomètriques, els hiperboloides, paraboloides, elipsoides i l'espectacular helicoides en les seves escales de cargol deixades a vista que semblen rosques gegantesques d'aquestes que s'utilitzen per foradar la terra. Igualment l'ús que fa de l'arc catenari, inspirat directament en la corba dita catenària que fa una corda quan cau suspesa entre dos punts. Coses de les que n'havia sentit a parlar en Manuel, però que ara podia veure en la seva realitat monumental feta de pedra.

Va haver de seure en una de les cadires pels feligresos que hi a la nau central, i contemplar així assegut les altures lluminoses de la basílica. L'esplendor visual era tan variat i potent, que necessitaria dies i setmanes per destriar-ne els detalls i les seves significacions, si és que en tenien com bé sospitava.

- Fixi's, Manuel, com aquestes columnes que pugen i es ramifiquen són els ossos vegetals d'un bosc de pedra, i com el sostre és la columna vertebral amb les seves vèrtebres d'un cos que s'ajup per sostenir al seu damunt les torres que han de pujar molt més amunt encara de les que hi ha avui.
També es podria dir que aquestes columnes són les arrels òssies que sustenten els troncs de les torres centrals que s'enfilaran cel amunt i que junt amb les de les façanes, constitueixen aquest bosc monumental de pedra cargolada situat al mig de Barcelona que és la Sagrada Família, un bosc plantat per Gaudí al seu dia i que ha anat creixent al llarg dels anys, ben regat últimament per l'afluència turística.

Li importaven un rave a en Manuel les disquisicions d'en Quinqué, que li entraven per un oïda i li sortien per l'altre, però escoltava de grat les seves paraules, l'entusiasme de les quals el mantenia en aquell estat feliç de mirada exterior i distanciada. Per dintre, una veueta irònica se'n reia de que a la seva edat es deixés portar per una situació tan banal com era descobrir la Sagrada Família, un lloc que havia vist i ignorat milers de vegades en passar-hi pel costat. Però feia estona que notava que la seva pipa interior començava a entrar en combustió, i va saber també que totes aquelles ironies i els prejudicis que li arribaven del passat acudien simplement per satisfer les necessitats de combustible de la pipa, la qual estava àvida de fumar-se'ls, mentre el que s'ho mira des del cap començava a sentir el conegut mareig que precedia la baixada a la pipa, per iniciar d'aquesta manera el procés de desdoblament que no trigaria gaire a desembocar en aquell que es mira des de dalt com es fuma 'l'altre' a si mateix.

Li va sortir una riallada que va sorprendre i agradà al senyor Quinqué i no tant als turistes asseguts a les cadires veïnes, absorts com ell en la visió de les altures i descansant de tantes hores de veure i trepitjar pedra.

Llavors els va veure: sobre les baranes dels estrets passadissos dels nivells superiors del recinte, distingí els caps petits dels seus titelles, que semblaven molt contents de veure's on es veien i de contemplar la massa de visitants que entraven i sortien del temple. Es movien nerviosos d'un cantó a l'altre, a vegades s'inclinaven perillosament sobre el buit immens fet de llum i pedra. Va saber que només ell els veia, ja que en cap moment va percebre algun signe d'estranyesa entre els turistes i els escassos visitants locals. I de sobte, es va veure des de dalt també a si mateix al costat del senyor Quinqué, que li xiuxiuejava a l'orella meravelles del lloc, amb nombroses dades sobre la Sagrada Família, les quals sentia i guardava a la memòria per sospesar-les més tard, ja que ara estava més interessat en passejar per aquelles altures en companyia dels seus Pericos i demés personetes que s'havien escapat de la Cambreta.

S'adonà que el seu guia ja no era a baix assegut al seu costat, ni ell tampoc, i al cap d'una estona, el va veure pujar per una de les escales de cargol que penjaven rectes en l'espai de la basílica. No trigà gaire a tenir-lo davant. Al fons, el Perico Perico li feia un senyal indicant-li una direcció. S'hi dirigiren sense dir un mot i van entrar per una porta que s'hauria dit d'algun conte infantil de les Mil i Una Nits, de pedra i amb una forma exòtica descomunal.

- No es pensi que està somiant, Manuel, aquesta porta és tant d'en Gaudí com qualsevol altre element arquitectònic de la Basílica, ja que la seva inventiva estava condicionada per una imaginació que desbordava totes les previsions, inspirat deia ell en la natura, tot i que jo penso a vegades si no s'inspiraria en altres paisatges més llunyans i rebuscats encara, ja que la seva capacitat visionària era de les que van lluny i no s'aturen davant dels obstacles.

I abaixant la veu, afegí:

- Diuen que la seva inspiració era el classicisme de la Grècia antiga, cosa que deixava bocabadat a tothom, ja que no hi ha res que més s'allunyi de l'austeritat noble i harmoniosa de l'art grec que les formes gaudinianes i el modernisme en general. Però ell replicava que simplement estava fent el que haurien fet els grecs si haguessin continuat vivint i creant arquitectura al llarg dels mil·lennis. Segons explicava, la Sagrada Família era l'edifici que més s'acostava al Partenón si aquest hagués comptat amb el pòsit dels segles i l'experiència acumulada que tenen avui els paletes catalans. D'aquí venia la seva obsessió de pintar-ho tot de molts colors, com feien els escultors grecs i va fer ell a la façana del Naixement, fugint del mal gust actual per la pedra despullada, que ell veia morta i que agrada tant als contemporanis. Admirable al cent per cent, Manuel!

Enfilaren per un passadís interior que va començar a donar voltes i més voltes fins que van sortir a una mena de terrat o terrassa que s'obria a l'interior de l'espai en construcció damunt del temple. Veia les vuit torres ja existents enlairar-se molt per damunt de la ciutat i va pensar com redimonis acabaria tot allò un cop tingués acabades les torres que faltaven, més la del mig que segons li havia dit Quinqué, pujaria fins als 173 metres, els mateixos que tenien les 'altures de Montjuic'. Un artefacte delirant i monstruós!

- Ho és, ho és, Manuel, no pot imaginar-se com ho és de delirant aquest edifici, i per això entusiasme a tothom!

Va comprendre que en Quinqué escoltava la seva veu interior, com havia succeït a Mercuri, que ell s'havia explicat per la proximitat del sol, i ara va calcular si no serien aquelles quatre torres de la Passió carregades de pedra que feien d'antenes del pensament.

- Fixi's que molts diuen que aquesta església serà en el futur la catedral universal de l'Església Catòlica. Es veu que el Papa Benet XVI, en la seva visita de consagració el 7 de novembre de 2010, va quedar tan impressionat i foren tan extraordinàries les paraules dites en la seva admiració del temple, que tothom va deduir que a la llarga, la Sagrada Família estaria destinada a jugar un paper fonamental en l'esdevenir del catolicisme. És curiós que molts anys abans, altres persones, com l'escriptor  Francesc Pujols, que va conèixer bé en Gaudí, profetitzà que el Temple esdevindria, un cop acabat, el monument pòstum per celebrar la fi de l'Església Catòlica, que ell calculava  en coincidència amb el final de les seves obres de construcció. Cosa que només es pot entendre per la impressió que causa a tothom l'atreviment arquitectònic del que gaudeix. Jo, però, prefereixo pensar que el seu futur no pot ser altre que esdevenir la Catedral Universal de totes les esglésies i creences religioses del món, siguin deistes o atees, ja que avui en dia hi ha de tot en aquest món. I no cal anar-se'n gaire enllà en el futur per comprendre-ho, només fixi's en la procedència dels milions i milions de visitants que hi acudeixen, i s'adonarà que pertanyen a totes les religions i cultures d'aquest planeta, sense que a ningú li facin fàstic els símbols religiosos posats per Gaudí i els seus continuadors, llevat dels artistes locals, és clar, per aquesta fixació en contra que li tenen. En ser tan estrambòtics i incomprensibles molts d'aquests signes, tothom se'ls fa seus, inventant-se els significats profunds que tenen i no tenen. No ho troba irrefutable al cent per cent, Manuel?


Aquesta asseveració d'en Quinqué va impressionar molt a en Manuel. Mai havia pensat que aquell temple tan familiar als barcelonins pogués ser en realitat un edifici buit capaç d'esdevenir la catedral dels habitants del món sencer, siguin laics o religiosos, fanàtics o lliurepensadors. I la realitat semblava donar la raó al guia, que amb la seva cara d'ocell semblava voler enlairar-se a qualsevol moment per donar un tomb entre les torres. També va comprendre que aquell edifici era un monument a la imaginació i a l'atreviment humà, una mena de celebració de la creativitat eixelebrada, de la que en Gaudí en va ser eminent practicant. I potser per això interessava i satisfeia a tothom, menys a la intel·ligència local, sempre tossuda a no reconèixer els mèrits de qui s'escapa de les mitjanes.

S'adonà que el Perico Perico havia instal·lat dues gandules a la terrasseta, del mateix estil de les utilitzades al mirador del Castell de Montjuic, des de les que s'havien enlairat per segona vegada a la Lluna per saltar després a Mercuri. No podia menys que felicitar-se de l'eficàcia dels seus titelles, que havien comprès a la perfecció les seves feines d'assistència, tot i que sabia de sobre que no se'n podia refiar massa, per la mateixa raó que tampoc s'acabava de fiar de si mateix.  Van seure. El senyor Quinqué ja havia tret dos puros de la butxaca i al cap de pocs minuts tenien els cigars ben encesos traient fum a dojo que s'enroscava com petits filets de boira per entre les filigranes de l'entorn. I mentre gaudien de la triple combustió, la doble d'en Manuel i la del cigar d'en Quinqué, es deixaren dur per la grandesa d'allò que veien, envoltats de pedra, grues i coloms.

jueves, 3 de mayo de 2018

12º Capítulo (2a parte): El plan



Playa del Bogatell, Barcelona. Foto de Thomas Crabtree, extraída de Google Earth


Solía Manuel acudir a la playa cuando necesitaba pensar para entender las cosas incomprensibles de este mundo. Tenía motivos para ello. Sin embargo, tampoco pretendía aclararse al cien por cien, como diría su amigo el señor Quinqué, sino que sólo buscaba un cierto grado de serenidad. Le bastaba con pasear por la playa y dejar que las olas le mojaran los pies. El concierto cosmológico, por calificarlo de alguna manera, presenciado en el teatrillo de Pueblo Español todavía resonaba en sus oídos.

Con ánimos de pescar la primera luz del sol, se levantó temprano. Hacía uno de esos días que a veces hay en Barcelona, ??de una calidad sublime de cielo fresco y limpio sin una nube, como si unos vientos del norte hubieran acudido por encargo para limpiar las nieblas de polución, que son una de las vergüenzas de la ciudad, y llevarse de paso la humedad pegajosa tan característica del verano barcelonés.

Todavía faltaba un rato para salir el sol, y gozaba Manuel del frescor del agua que le activaba la circulación de la sangre. Deseaba situarse y reirse un poco de sí mismo. Mirarse con ironia era su mejor medicina, un viejo remedio catalán que tenía la virtud de conducirlo a la tranquilidad, para pasar de aquí a la euforia. Y mientras iba rompiendo con los pies las olas del mar, sintió que el estado eufórico empezaba a poseerlo. No había nadie más en la playa, salvo algunos jóvenes viajeros que dormían en sus sacos de dormir y dos o tres parejas que se habían escapado de la discoteca y buscaban la unión carnal de la madrugada. Igualmente algunas señoras que conocía bien porque eran las primeras a extender la toalla, instaladas ya en sus lugares de costumbre. Solían tener una cierta edad y se bañaban esperando la salida del sol mientras cantaban con voz potente alguna canción española o una aria de zarzuela.

Estos encuentros con los habituales de primera hora no le molestaban en absoluto sino que, por el contrario, lo excitaban y le hacían sentirse mejor. Se había olvidado incluso del Aposento, del Huevo y del señor Quinqué, aquel personaje que lo había guiado a la Luna al coste bajísimo de un euro más una caja de puros. Repasaba por dentro los rasgos de la situación, con el recuerdo fresco del teatrillo del Pueblo Español y su representación de impacto. Quizá por eso necesitaba caminar por la playa, en este límite entre el mar, el cielo, la tierra y la ciudad, allí donde los mundos se cruzan y se encuentran, una zona también de confluencia cosmológica, como lo era la Luna en relación a la Tierra y al Sol, o Mercurio respecto al Sol y a los demás planetas. En esta pequeña franja de arena mojada, podía revivir en pequeño sus viajes con el señor Quinqué y situarlos en relación a su persona, con una cierta garantía de vivencia apacible y casera con respecto al orden cósmico.

Pensó que mientras unos necesitan comprar un piso para vivir y situarse en relación a los demás, él necesitaba la ciudad entera para disponer de bancos donde sentarse y tumbonas de observación, plataformas de despegue, playas apacibles para el paseo, bares adecuados para el intercambio de opiniones, lugares indefinidos donde poner teatros, o edificios singulares que conectaban con determinados astros y planetas. La razón eran los títeres, que le habían ensanchado el terreno de juego, no sin antes haber puesto el huevo, claro, el cual había dinamitado los viejos espacios y abierto otros nuevos.

Experimentó una inquietud intensa, la sensación de un estallido inminente, una premonición que le entraba por la nariz y le provocava temblores en todo el cuerpo. Y entonces lo vio: ¡el primer rayo del sol salía disparado del horizonte del mar! Fue un choque, un batacazo que explotó en su interior, una bomba sorda de luz blanca y poderosa. De repente, sintió que la pipa interior se encendía, o más bien, se incendiaba, como si el rayo de sol fuera una cerilla gigantesca que la hubiera puesto en un estado total de combustión. La euforia hizo que la corneta solar tocara diana al mundo entero, y su 'tercero', aquel que mira a los otros dos fumar y dejarse fumar, salió disparado como un cohete para saludar al sol, al día, a la ciudad y al mundo entero.

Y en ese momento mágico de la salida del sol, cuando la excitación subía sus enteros de entusiasmo, Manuel se dio cuenta que necesitaba un plan. Las cosas no se hacen sin un plan previo. Estaba acostumbrado Manuel a obrar a partir de dibujos y gráficos, así establecía las escenas de sus obras, que desplegaban el argumento con sus personajes. También era verdad que la mayor parte de las veces las ideas venían de las manos, cuando modelaba cabezas y cuerpos con el barro, o tallaba la madera para hacer salir las caras de ella. Por eso en el taller tenía tantos dibujos que se acumulaban a lo largo del trabajo de construcción.

Aquí, el asunto tenía un punto de partida: el huevo. Un cero del que empezaba todo. Cerraba una vida y abría otra. Un vacío que era el Big Bang de la Extravagancia, donde todo estaba escrito entre líneas en un espacio sin líneas. Es decir, en el huevo había un plan, sí, pero aún por eescribir, y si él lo había puesto, a él le tocaba escribirlo. Una escritura sin escritura, claro: su mundo estaba hecho de imágenes y de palabras que sonaban sin literatura.

Cuando rompió el huevo, estaba vacío. Un vacío lleno de una vitalidad capaz de levantar a los muertos o en todo caso de dar vida a criaturas de madera, que viene a ser un poco lo mismo. Un vacío que vivificaba los trazos de su imaginación, pues no otra cosa eran los títeres que habían nacido de sus manos. Ya podía el Aedo marearlo con sus cuentos de los orígenes y los dioses juguetones y sus huevos primordiales. Aquí sólo había un huevo que contaba, el suyo, el puesto en el Aposento.
Pensó que era normal que las criaturas nacidas de sus manos inventaran historias sobre el origen y escogieran sus destinos, como hacemos nosotros los humanos, que si no tenemos explicaciones para todo no estamos tranquilos. Lo entendía y lo respetaba. Cada uno con sus historias. Él ya tenía bastante con la Extravagancia.

¿Pero era eso un plan? Se dijo que sí y no. El huevo, trasladado a la pipa que fumaba por dentro, se había convertido en la Extravagancia, una palabra que servía más que nada para abrir un espacio. Su espacio, su ciudad. ¿Acaso no lo tenía antes? Tuvo que reconocer que no. Las cosas sólo se tienen cuando se inventan, pensó. Quizás eso es lo que le había llevado al huevo. En realidad, se lo tenía que inventar todo. Contaba con un trabajo previo, es cierto, todos esos títeres vivificados por el huevo y desperdigados ahora por la ciudad.

Pero el espacio que el huevo le había abierto y que él tenía que inventar, era un espacio distinto. Aquel huevo le había llevado aires de otros mundos que antes no conocía. Su extravagancia era la ciudad conectada directamente con los astros del espacio, de momento con la Luna, Mercurio y el Sol, pero intuía que las puertas estaban abiertas para nuevas exploraciones. El Sistema Solar, y más allá, la Galaxia, se abrían en profundidad a su visión. La Extravagancia tenía que ser extravagante por necesidad y definición, se dijo, de modo que todo concordaba.

Todo eso pensó Manuel en ese segundo del primer rayo de sol que había incendiado la pipa y lo había disparado cielo arriba. Se dio cuenta entonces que ya tenía bastante plan. Y cuando el sol salió del todo, apoyando su bola de fuego sobre la barriga del horizonte del mar, vio la ciudad encendida también de luz, y comprendió que todo era una cuestión de habas contadas, como habría dicho el señor Quinqué desde Mercurio. Ni pitos ni flautas, pensó conciso, la solución era la Extravagancia, en mayúscula, para hacerla más evidente y necesaria.

12è Capítol (2a part): El pla


 
Platge del Bogatell, Barcelona. Foto de Thomas Crabtree, treta de Google Earth.


Solia Manuel acudir a la platja quan necessitava rumiar per entendre les coses incomprensibles d'aquest món. Raons no li faltaven. Tanmateix, tampoc pretenia aclarir-se al cent per cent, com diria el seu amic, el senyor Quinqué, sinó que tan sols buscava un cert grau de serenitat. En tenia prou de passejar per la platja i deixar que les onades li mullessin els peus. El concert cosmològic, per qualificar-ho d'alguna manera, presenciat al teatret del Poble Espanyol encara ressonava a les seves oïdes.

Amb ànims de pescar la primera llum del sol, s'aixecà d'hora. Feia un d'aquests dies que a vegades hi ha a Barcelona, d'una qualitat sublim de cel fresc i net sense un núvol, com si uns vents del nord haguessin acudit d'encàrrec per netejar les boires de pol·lució, que són una de les vergonyes de la ciutat, i emportar-se de pas la humitat enganxosa tan pròpia de l'estiu barcelonès.

Encara mancava una estona per sortir el sol, i gaudia Manuel de la frescor de l'aigua que li activava la circulació de la sang. Tenia ganes de situar-se i de riure-se'n una mica de si mateix. Mirar-se amb ironia era la seva millor medicina, un vell remei català que tenia la virtut de conduir-lo a la tranquil·litat, la qual sempre acabava evolucionant ver l'alegria per passar després a l'eufòria. I mentre anava trencant amb els peus les ones del mar, d'un garbí excels amb un mar netíssim de Costa Brava, sentí que l'estat eufòric començava a posseir-lo. No hi havia ningú més a la platja, llevat d'alguns joves viatgers que dormien en els seus sacs de dormir i de dos o tres parelles que s'havien escapat de la discoteca i buscaven l'unió carnal de la matinada. Igualment algunes senyores que coneixia prou bé perquè eren les primeres a estendre la tovallola, instal·lades ja als seus llocs de costum. Solien ser d'una certa edat i es banyaven esperant la sortida del sol mentre cantaven amb veu potent alguna cançó espanyola o una ària de sarsuela.

Aquestes trobades amb els habituals de primera hora no el molestaven en absolut sinó que l'excitaven i el feien sentir millor. S'havia oblidat fins i tot de la Cambreta, de l'Ou i del senyor Quinqué, aquell personatge que l'havia guiat a la Lluna al cost baixíssim d'un euro més una caixa de puros. Repassava per dins els trets de la situació, amb el record ben fresc del teatret del Poble Espanyol i de la seva impactant representació. Potser per això necessitava caminar per la platja, en aquest límit entre el mar, el cel, la terra i la ciutat, allà on els móns es troben, una zona també de confluència cosmològica, com ho era la Lluna en relació a la Terra i al Sol, o Mercuri respecte al Sol i els demés planetes. En aquesta petita franja de sorra mullada, podia reviure en petit els seus viatges amb el senyor Quinqué i situar-los en relació a la seva persona, amb una certa garantia de vivència plàcida i casolana pel que fa a l'ordre còsmic.

Pensà que mentre uns necessiten comprar un pis per viure i situar-se respecte als demés, ell necessitava la ciutat sencera per disposar de bancs i gandules d'observació, plataformes d'enlairament, platges plàcides pel passeig, bars adequats per a l'intercanvi d'opinions, indrets indefinits on posar-hi teatres, o edificis singulars que connectaven amb determinats astres i planetes. La raó eren els titelles, que li havien eixamplat el terreny de joc, no sense abans haver posat l'ou, és clar, el qual havia dinamitat els vells espais i obert els nous.

Experimentà una inquietud interna, la sensació d'algun acte imminent, una premonició que li entrava pel nas i li feia tremolar tot el cos. I llavors el va veure: el primer raig del sol sortia disparat de l'horitzó del mar! Va ser una mena de xoc, una patacada que explotà dins seu, una bomba sorda de llum blanca i poderosa. Tot d'una, va sentir que la pipa interior s'encenia, o més aviat, s'incendiava, com si el raig de sol fos un llumí gegantesc que l'hagués posat en un esclat total de combustió. L'eufòria es projectà com una corneta solar tocant diana al món sencer, i el seu 'tercer', aquell que mira com els 'altres dos' gaudeixen fumant l'un i deixant-se fumar l'altre, sortí escopetejat com un coet per saludar el sol, el dia, la ciutat i el món sencer!

I en aquell moment màgic de la sortida del sol, mentre l'excitació pujava els seus enters d'entusiasme, s'adonà Manuel que necessitava un pla. Les coses no es fan sense un pla previ. Estava acostumat Manuel a obrar a partir de dibuixos i gràfics, així establia les escenes de les seves obres, que desplegaven l'argument amb els seus personatges. També era veritat que la major part de les vegades les idees venien de les mans, quan modelava caps i cossos amb el fang, o tallava la fusta per fer sortir les cares. Per això al taller hi tenia tants dibuixos que s'anaven fent al llarg de la feina de construcció.

Aquí, l'assumpte tenia un punt de partida: l'ou. Un zero del que començava tot. Tancava una vida i n'obria una altra. Un buit que era el Big Bang de l'Extravagància, on tot estava escrit entre línies en un espai sense línies. És a dir, en l'ou hi havia un pla, sí, però que estava per escriure, i si ell era qui l'havia posat, a ell li tocava escriure'l. Una escriptura sense escriptura, clar: el seu món estava fet d'imatges i de paraules que sonaven sense la literatura.

Quan trencà l'ou, aquest estava buit. Un buit ple d'una vitalitat capaç com qui diu d'aixecar els morts o en tot cas de donar vida a criatures de fusta, que ve a ser una mica el mateix. Un buit que vivificava els trets de la seva imaginació, que no altra cosa eren els titelles que havien nascut de les seves mans. Ja podia l'Aede marejar-lo amb els seus contes dels orígens i dels déus juganers i els seus ous primordials. Aquí només hi havia un ou que comptava, el seu, el posat a la Cambreta.

Pensà que era normal que les criatures nascudes de les seves mans s'inventessin també històries fantasioses sobre el seu origen i escollissin els seus destins, com fem nosaltres els humans, que si no tenim explicacions per a tot no estem tranquils. Ho entenia i ho respectava. Cadascú amb les seves històries. Ell ja en tenia prou amb l'Extravagància.

Però era això un pla? Es digué que sí i no. D'alguna manera, l'ou, traslladat a la cassoleta de la pipa que es fumava per dins, s'havia convertit en l'Extravagància, una paraula que servia més que res per obrir un espai. El seu espai, la seva ciutat. És que no la tenia abans? Va haver de reconèixer que no. Les coses només es tenen quan s'inventen, pensà. Potser això és el que li havia portat l'ou. En realitat, s'ho havia d'inventar tot. Comptava amb una feina prèvia, és cert, com són tots aquests titelles vivificats per l'ou i escampats ara per la ciutat.

Però l'espai que l'ou li havia obert i que ell havia d'inventar, era un espai diferent. Aquell ou li havia portat aires còsmics que abans no coneixia. La seva extravagància era la ciutat connectada directament amb els astres de l'espai, de moment amb la Lluna, Mercuri i el Sol, però intuïa que les portes estaven obertes per a noves exploracions. El Sistema Solar, i més enllà, la Galàxia, s'obrien en profunditat a la visió. L'Extravagància havia de ser extravagant per necessitat i definició, es digué, de manera que tot lligava.

Tot això ho va pensar Manuel en aquell segon esclatant del primer raig de sol que havia incendiat la pipa i l'havia disparat cel amunt. S'adonà llavors que ja tenia prou pla. I quan el sol va sortir del tot, recolzant la seva bola de foc sobre la panxa de l'horitzó del mar, va veure la ciutat encesa també de llum, i va comprendre que tot plegat era una qüestió de faves comptades, com hauria dit el senyor Quinqué des de Mercuri. Ni pitus ni flautes, va pensar concís, la solució era l'Extravagància, en majúscula, per fer-la més evident i necessària.